
Educación Ambiental: se abren las compuertas.
Integrante del Comité Ambiental La Reina.
Director Ejecutivo Fundación Sendero de Chile.

La última norma en ser aprobada por la Convención Constitucional se refiere a la educación ambiental, señalando que:
“Es deber del Estado garantizar una educación ambiental que fortalezca la preservación,
conservación y cuidados requeridos respecto al medio ambiente y la Naturaleza,
y que permita formar conciencia ecológica”.
Esta norma, que forma parte del capítulo de Medio Ambiente y Crisis Climática en la arquitectura del texto constitucional, tiene una serie de implicancias a futuro en nuestra sociedad.
La educación y sensibilización ambiental aparece transversalmente en las distintas estrategias sectoriales para enfrentar el cambio climático, la crisis hídrica y la pérdida de biodiversidad, tanto a nivel global como nacional. Sin embargo, el aporte del Estado en estas materias ha sido mínimo, tanto desde la institucionalidad ambiental como del sistema educativo. La irrelevancia del tema ecológico y social en la Constitución del 80, que privilegió los valores de la propiedad y el mercado, por sobre los de los territorios y los ecosistemas, no facilitaron el despegue de la educación ambiental.
En cambio, el borrador de la nueva Constitución no sólo hace referencia a la educación ambiental por la norma citada. También menciona a la educación ambiental, al definir un principio constitucional sobre la naturaleza, señalando:
“Las personas y los pueblos son interdependientes con la naturaleza y
forman, con ella, un conjunto inseparable.
La naturaleza tiene derechos. El Estado y la sociedad tienen el deber de
protegerlos y respetarlos.
El Estado debe adoptar una administración ecológicamente responsable
y promover la educación ambiental y científica mediante procesos de
formación y aprendizaje permanentes”.
Hermosos principios rectores, propios de una constitución del siglo XXI. Aunque hacer efectivos estos derechos y deberes del Estado represente un gran desafío para la sociedad y la clase política, debiendo traducirse en nuevas leyes, reglamentos y asignaciones presupuestarias, que den origen a nuevo proyecto de Estado en materia de educación y sensibilización ambiental.
Pensar, por ejemplo, en cómo formar una sociedad más consciente y responsable respecto del uso del agua y del suelo, más cuidadosa de las áreas naturales y la biodiversidad, menos ruidosa y acelerada en su tránsito cotidiano, que poco a poco apacigüe el desenfrenado consumismo y nos acerque a la mejor vida que todos queremos.
Para finalizar, no olvidemos que la nueva Constitución consagra al Estado Regional, dando mayores atribuciones a los gobiernos regionales y comunales autónomos, y exigiéndoles mayores deberes en materia de protección y cuidado de la naturaleza y educación ambiental. Así, estas materias no solo deberán abordarse desde los ministerios, sino también desde los territorios.
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